martes, 11 de diciembre de 2007

EL VINO CALIENTE, EL MISTRAL Y LOS SANTITOS/ Amelia Hernández


La barra más candorosa del mundo es también la más efímera: sólo abre durante el mes de diciembre, dentro de la “Foire aux Santons” de Marsella, la feria de “los santitos”, toda una tradición...

En esta barra te sirven un vino caliente, con unas gotas de coñac, azucar, clavo y canela. Es para resistir al mistral, ese viento frío y seco, cortante, que baja del Norte a toda velocidad y, antes de escapar por el Viejo Puerto de Marsella para alborotar el Mediterráneo, barre la Canebière, emblemática avenida marsellesa transformada en feria durante un mes.

“Los santitos” son unas figuritas ingenuas de terracota que representan los personnajes del folklore provenzal: el alcalde, la arlesiana, el tamborilero, todos los oficios tradicionales del Sur de Francia, donde nadie concibe un pesebre sin estas figuritas, les santons, en buen francés; o li santouns, en dialecto provenzal...

A lo largo del año, en Manosque, Forcalquier, Moustiers, Pertuis, y otros pequeñas ciudades de Provenza, decenas y decenas de artesanos se dedican a fabricarlos con la arcilla fina de Marsella y de Aubagne, pintándolos a mano primorosamente. La gracia de estas figuritas, que miden entre 4 y 7 cms, está en los detalles de rostros, vestimentas y accesorios.

Al llegar noviembre, los artesanos se reúnen en las diversas ferias de la región. La más animada es la de Marsella.

Primero recorres la Canebière, pasando revista a todos los quioscos para ubicar el personaje que este año se agregará a tu colección. Después haces un alto en La Buvette, el quiosco más grande y más iluminado (a las 5 de la tarde ya es de noche), con un cómodo saliente de madera desgastada que sirve de barra. Ahí, mientras entonas el cuerpo con un vaso de vino caliente y aromático, intercambias toda clase de información sobre li santouns. Es casi el único tema de conversación.

Que si estoy buscando una arlesiana con vestido negro (es la más rara)... Aaah, esa se puede consiguir en la feria de Avignon...

Que si este año hay una novedad: la vendedora de huevos, que carga en la cabeza una cesta con una gallina adentro.

Que los santitos más baratos están allá, en el tercer quiosco a la derecha, y los fabrica un artesano de Cadarache... Cada año están más caros, ya casi son un lujo...

Que si este año reapareció la pareja de gitanos: ella con un mantón de Manila, él con una gran capa negra, y ambos con sus panderetas... Hacía años que no los fabricaban.

Que aquel quiosco amarillo también tiene una novedad: la lavandera con su jabón de Marsella (lou saboun de Marsiho)...

Y así, todos los años, los marselleses acuden a esta amable barra, en su cita tradicional con lou vin caud, lou mistrau y li santouns como aún se decía en 1803, cuando se abrió la primera “Foire aux Santons”. De aquel sonoro dialecto provenzal, hoy sólo subsisten unas pocas palabras en el habla cotidiana, que brotan durante esta feria, desde la punta de la lengua estimulada por el vino caliente, el clavo de olor y la canela.

Pueden verse en las fotos de Marily Rodríguez:

Los gitanos y el tamborilero

El alcalde y la arlesiana

Los bandoleros y la aguadora

La vendedora de huevos y la pescadera

Los santitos

1 comentario:

Josefina dijo...

Esta es una bellezura. ¿Por qué no publican más cosas refrescantes y hermosas omo ésta? La ternura no debe estar ausente de las barras, seguro que no. Mis felicitaciones para Amelia. Josefina Jordán